Quisieron colgarle el título de 'Doctor Muerte', pero los jueces lo exculparon y dejaron claro que actuó con buena praxis en las sedaciones a pacientes terminales en el servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés. Tres años después de cerrarse el caso, que sacudió los pilares sanitarios, Luis Montes es hoy, además de anestesista, presidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente, la plataforma desde la que reclama la despenalización de la eutanasia, el acceso universal a unos cuidados paliativos y la difusión del testamento vital para asegurarse «una buena muerte». El médico hablará el miércoles a las 19.30 horas en el Hotel de Londres de San Sebastián, en el marco de los Diálogos de Ética, Humanismo y Ciencia, impulsados por la Diputación, el Hospital Donostia y Caja Laboral. El debate está asegurado.
- ¿Qué significa una buena muerte?
- La muerte es un hecho inevitable, pero dentro de lo que cabe se trata de hacerla lo más confortable posible. Fundamentalmente, una buena muerte significa que se respeten los valores del paciente, cómo quiere que sea su final de la vida. Una mala muerte es todo lo contrario, aquella en la que se da una obstinación terapéutica por parte médica o familiar, y no se cumplen los deseos sobre su final. Yo creo que es sencillo de entender.
- Es sencillo de entender, pero en la práctica, ¿los pacientes pueden elegir cómo morir?
- El problema fundamental de los pacientes y una de las causas de mala muerte es que los ciudadanos no saben que se van a morir. Hemos ocultado la muerte. Y si en un proceso de muerte, no se le informa de su estado terminal, difícilmente va a poder expresar su voluntad. Eso supone una mala muerte, aunque no sea una muerte con sufrimiento y dolores.
- ¿Y desde el punto de vista médico? ¿Siempre se cumplen las voluntades del paciente?
- Ahí entramos a valorar las buenas y malas prácticas médicas y el ordenamiento jurídico de la profesión. Todos los ciudadanos estamos por la vida. Todos tenemos un arma para dejar por escrito lo que queremos para nuestra muerte, que es el testamento vital, pero no podemos elegir la forma en que queremos morir. Los principios del marco jurídico, de paradigma de la libertad, de una muerte digna, se encuentran tremendamente limitados por la ley. Nuestra vida es nuestra menos en la muerte, donde no podemos decidir.
- Hay que hablar más de la muerte.
- Está claro. Vivimos en una cultura donde la muerte se ha ido ocultando. Y yo creo que es bueno que reflexionemos sobre ello, porque las decisiones de la vida las van a tomar los cuidadores, que en la mayoría de los casos suele ser la familia. Es importante tenerlo hablado antes con ellos, porque es dramático que la familia tome decisiones contrarias a las voluntades del paciente terminal solo porque no lo hablaron antes y no se dejó escrito en el testamento vital. Yo ya lo he hecho.
- ¿Los cuidados paliativos ayudan a una muerte digna?
- Hay mucha confusión con los cuidados paliativos. Los fines de la medicina son recuperar la salud. A lo largo de nuestra vida, y en un proceso de final de la vida, siempre hay por medio una pérdida de salud por una enfermedad. Para las enfermedades existen tratamientos activos, que es de lo que trata la medicina. Pero muchas veces la medicina fracasa y los tratamientos activos no interrumpen los procesos finales de la vida. Entonces es cuando entra la otra parte que tiene la medicina, que son los cuidados paliativos, tratar los síntomas para intentar que el tiempo que te queda de vida sea de una mayor calidad posible. Si en ese proceso se llega a un proceso terminal, una de las tareas en esa relación médico-paciente es tratar como un tema más de la medicina paliativa la buena muerte, la muerte voluntaria solicitada, cuando el paciente pide ayuda porque no puede más, siempre que estén claros los signos de la muerte. La medicina paliativa tendría que ayudar a morir bien a los pacientes terminales.
- ¿Y eso no es eutanasia?
- Hay múltiples definiciones de eutanasia: directa, indirecta, pasiva, eugenesia... Yo hago una definición muy sencilla: un sujeto A da la muerte a B, que es diferente a matar. Es una determinada muerte, dentro de un contexto de una enfermedad crónica y terminal, cuando el pronóstico de vida es corto y además los tratamientos no son eficaces. Dar la muerte en esa situación es una motivación altruista, solidaria, de justicia, es un acto de amor. Así es como debe entenderse la eutanasia.
- El médico acusado de practicar la eutanasia en el Hospital de Bayona -apartado de la profesión hasta que se celebre el juicio- ha denunciado que existe «mucha hipocresía» al amparo de los cuidados paliativos. ¿Lo cree así?
- Sin duda. En el caso de Bayona, si en lugar de una inyección letal hubiera sido una sedación y el proceso de muerte hubiera durado doce horas, nadie hubiera dicho nada y todo el procedimiento hubiera sido aceptado como normal. Eso es una hipocresía. Recientemente la Organización Médica Colegial ha elaborado un documento sobre sedación paliativa como norma de obligado cumplimiento para los médicos. Es un avance, pero lo que hace falta es que el final de la vida fuera una cosa definida y que no dependiera del médico que te toque, porque si te toca un médico con una ideología de sacralidad de la vida, el paciente no se está muriendo. Y eso está pasando en los hospitales. El problema no es la falta de protocolos de sedación, lo que hay que tener son las narices de definir que el paciente se está muriendo y dar una muerte digna. La medicina tiene que luchar con todos los instrumentos para que las muertes evitables no ocurran, pero también para que las muertes inevitables sean lo más confortables posibles.
- Han pasado tres años desde que los jueces proclamaron su inocencia. ¿Sigue pesando el caso entre los médicos? ¿Hay miedo a ser denunciado?
- Con el caso Leganés hubo dos momentos. Uno, el coyuntural, cuando en aquella rueda de prensa de marzo de 2005 el consejero de Sanidad de Madrid anuncia que se han producido 400 homicidios en el servicio de Urgencias -que por entonces coordinaba Montes-. Eso produjo una alarma social terrible -que luego los tribunales desmontaron-. Pasada esa primera etapa de miedo, de pérdida de confianza con la institución sanitaria, no me cabe ninguna duda de que el caso Leganés ha abierto el debate de una muerte digna y de la eutanasia. Quisieron -la Comunidad de Madrid- lanzar una cortina de humo para que no se hablara de la privatización de la sanidad pública. Pero tuvo su efecto rebote, porque a pesar del terrible sufrimiento de los trabajadores del hospital tenemos que ponernos la medalla de haber abierto el debate sobre una muerte digna.
- El Gobierno saliente aprobó un proyecto de Ley de Muerte Digna. ¿Quedará en agua de borrajas con el nuevo gobierno?
- No lo sé. Tampoco representaba un avance en el sentido de un cambio de marco jurídico. Hacer una ley de Estado es de obligatorio cumplimiento, después de que tres comunidades (Aragón, Navarra y Andalucía) aprobaran leyes que particularizan derechos. Si se avanza en ciertos lugares, con el tiempo se podría morir mejor en esos sitios que en otros. Además, siempre se anunció desde su presentación que era una ley de cuidados paliativos. Toda una parte parte ideológicamente controlada defiende los cuidados paliativos como antídoto de la eutanasia. Por ahí puede ir el futuro.
San Sebastián acoge una jornada sobre el derecho a una muerte digna
EL PAÍS - Bilbao - 12/12/2011
El Hotel Londres de San Sebastián acogerá el próximo miércoles el tercer y último encuentro de la cuarta edición del ciclo Diálogos de Ética, Humanismo y Ciencia. En esa cita el doctor Luis Montes, acusado injustamente, como han reconocido los tribunales, de haber practicado junto a otros compañeros 400 sedaciones irregulares en el servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid), impartirá una charla sobre el derecho a morir dignamente y sin dolor titulada Acerca de la muerte digna.
Junto a Montes, presidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente, intervendrá también Maite Olaizola, responsable del servicio de Cuidados Paliativos del Hospital Donostia.
Luis Montes expondrá el reconocimiento de una serie de derechos que las leyes otorgan al paciente enfermo en relación con el fin de la vida, para seguidamente destacar que en la realidad, el ejercicio de estos derechos no evitan que el enfermo "muera mal" en general, según los organizadores.
Con cifras y "sólidas razones", el doctor invitará a los asistentes a valorar el apoyo al reconocimiento del derecho a disponer de la propia vida como garantía de la calidad de muerte, así como a debatir y dialogar sobre la realidad existente. Asuntos tales como la eutanasia, el suicidio asistido, la sedación terminal, la suspensión de los tratamientos, la objeción de conciencia de los sanitarios o el testamento vital, entre otros, serán objeto del debate.
Superadas las creencias que consideraban que soportar el dolor y el sufrimiento dignificaban, ahora "existe un clamor social que exige el derecho de las personas a morir con dignidad y sin sufrimiento", cita la organización.

No hay comentarios:
Publicar un comentario